Todo inició con un incendio inofensivo en el basurero de la ciudad de Centralia (Pennsylvania), dentro de una fosa de una mina abandonada. El fuego encendió en llamas una vena expuesta de carbón, y se esparció por todas las minas que están debajo del pueblo. Varias veces se intentó apagar el fuego, pero no se pudo. Siguió quemandóse entre los años 1960 y 1970. Durante este tiempo, varias personas se vieron afectadas en su salud a causa del monóxido de carbono producido por el incendio.


En 1979, la gente se dio cuenta de la magnitud del problema cuando el dueño de una gasolinera de casualidad, metió una varilla en uno de los tanques subterráneos para revisar el nivel de combustible. Cuando la sacó, estaba caliente, entonces bajó un termómetro amarrado a una cuerda y se sorprendió al descubrir que la temperatura de la gasolina en el tanque era de 172 grados Fahrenheit (77.8°C). Poco tiempo después de este incidente, la atención hacia el fuego incrementó.

Incendio en mina subterránea.
Adentrarse en este área puede ocasionar
graves daños o la muerte. Gases peligrosos.
Peligro de hundimiento




Poco tiempo después, un niño de 12 años fue rescatado porque cayó en un pozo de más de 40 metros que se abrió bajo sus pies. Dados los acontecimientos, las autoridades se pusieron en marcha y en 1984 evacuaron la ciudad. Unas cuantas familias no quisieron irse hasta que en 1992 fueron expulsadas definitivamente.


Actualmente se calcula que la veta de carbón bajo Centralia tiene unos 10 kilómetros de extensión y arde a unos 1.000 metros de profundidad.

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